La soga
A Yussel, porque nadie le dedica nada
Recientemente algunos celebraron las fiestas decembrinas con tequila, un buen vodka con jugo de naranja, otros embrutecieron con viajes a las playas donde quisieron mostrar su cuerpo. Los de más allá lo único que hicieron fue limpiar todo el día su cuarto, pegar algunos pendejos poster, sacudir sus películas pornográficas, copiar fotos igualmente asquerosas o sufrir por su aburrida vida social. Casi todos tuvieron ganas de hacerse de propósitos qué cumplir para el siguiente año -uno de los míos, aparte de ser menos pendejo es, asistir a una convención de artistas pornográficas- que nunca los verán satisfechos pues la cuesta de enero desilusiona a más de uno. Aquello gastado en las fiestas caerá en manos de los coyotes que, de repente, se te acercan en la fila de aquel famoso monte piadoso donde según te ayudan aunque nunca te dicen a qué. Mi abuela me decía que esas fechas eran para la reflexión y las pachangas valían madre, eran inventos de los gringos. Como siempre he creído en lo que me decía mi abuela, -debí hacerle caso con eso del matrimonio- esto mismo se lo creí y más allá de las tragos, de los cigarros y de las mujeres, me entró lo místico y me puse a leer un libro que hacía ya tiempo le traía ganas: Los vagabundos del Dharma. El autor de tan misterioso libro es Jack Kerouac. ¿Qué tiene de especial este libro que en su portada tiene la foto de Gary Snyder como si estuviera pacheco? ¿Por qué los españoles suelen traducir de la chingada? ¿You know you´re rigth fue compuesta por Nirvana en una sesión espiritista? ¿Harán algo así como La Academia pero pa´ escritores? ¿y si es así, se convertirán en seres famosos, harán giras? De todas estas preguntas sólo contestaré a una.

Jack Kerouac in Columbia Football uniform as a reserve player, 1942. Imagen de: https://blogs.library.columbia.edu/
Lo grande de esta obra, independientemente de ser una más de los beat es, una novela donde apreciamos a un Kerouac antes de convertirse en un escritor famoso, es un documento escrito del llamado “renacimiento poético de San Francisco” con gente como Snyder, Ginsberg, Ferlinghetti, etc., y es una novela espiritual, mística o cómo quiera llamársele pues plantea una nueva forma de relacionarse entre los seres humanos que más adelante los hippies la harían suya: creer en el poder de la flores, abandonar el cristianismo y raparse el pelo para ser un monje budista -me pregunto si Ronaldo y algunos otros futbolistas son budistas- y negar la sociedad que les ha tocado:
…Vagabundos del Dharma negándose a seguir la demanda general de la producción de que consuman y, por tanto, de que trabajen para tener el privilegio de consumir toda esa mierda que en realidad no necesitan…
algo llama la atención: tratan de plantear un nuevo budismo más relacionado con occidente que con oriente y, de esta manera, la justificación de no hacer nada con la excusa de estar contemplando la naturaleza para alimentar el espíritu, pero eso sí, jamás dejaron el alcohol, la mariguana ni el sexo en conjunto. Se trataba de establecer una relación entre el universo y los seres que habitamos esta tierra pecadora y que para ello deberíamos de irnos todos a las montañas y orar y meditar en silencio sin más equipaje que las ganas de vivir de otra manera, pero, insisto, muchas veces hicieron lo contrario, nunca fueron consecuentes con lo que decían o creían. Por otro lado, dentro de la misma novela, como casi toda la obra de Kerouac, está plagada de esa prosa poética que llega a impresionar en el momento menos inesperado. Y encontramos aún más esta característica cuando el personaje que le toca ahora encarnar a Kerouac, Ray Smith, sube después de un largo viaje, a la famosa Montaña Desolación. En esta época que nos toca vivir a lo más que llegamos a subir una montaña es la rusa y eso ya es mucho. Pero es cierto, Jack Kerouac escribía versos largos que nosotros hemos denominado prosa. Su poesía no necesitaba estar escrita en la manera tradicional. En este libro, como en otros tantos, los diálogos a mi parecer están de más, la simple descripción poética lo es todo en estas líneas que nos ha dejado:
…me sentí tremendamente deprimido y me tiré al suelo y grité: “¡Voy a morir!” porque no había nada más qué hacer en la fría soledad de esta dura tierra inhóspita, y al momento la suave bendición de la iluminación fue como leche en mis párpados y me sentí confortado…la verdad que se realiza en los huesos del muerto y que está más allá del Árbol de Buda y de la Cruz de Jesús. Cree que el mundo es una flor etérea y vive. ¡Yo sabía esto! También sabía que era el peor vagabundo del mundo. La luz del diamante estaba en mis ojos.

Jack Kerouac by photographer Tom Palumbo, circa 1956. Imagen de Wikipedia
Ray Smith, sufre demasiado porque no ha podido encontrar su lugar dentro de una sociedad agobiante, estresante y que muchas de las veces no deja soñar a sus habitantes y más en la época donde se sitúa dicha novela, finales de 1955 y principios de 1956. Un libro que le viene dar más forma a la generación que sería conocida como los golpeados por toda una vida. El dolor de alguien que quiere encontrarse a sí mismo y en esa búsqueda viaja en trenes, en carreteras, con gente extraña, dependiendo de su madre para poder vivir en paz, añorando un amor que le pueda quitar ese dolor, aferrarse a algo para soportar aún más este mundo hiriente:
sólo me interesaba la primera de las cuatro nobles verdades de Sakyamuni: Toda vida es dolor. Y hasta cierto punto me interesaba, además, la tercera: Es posible la supresión de dolor, lo que entonces no creía para nada posible.

Casa en Orlando, Florida. Kerouac vivió aquí mientras escribía The Dharma Bums. Imagen de Wikipedia
Jack Kerouac es considerado por muchos como el padre de la prosa espontánea moderna cosa que a él le molestaba y pedía a Dios que lo librara de esas responsabilidades. Considero que hasta la fecha lo hemos mal interpretado. Los libros de Kerouac simplemente querían poner a la luz pública todo un caos, producto de la sociedad que le toca vivir y que insistimos en negar. Todos aquellos que han tomado las “enseñanzas” de esta generación de alguna manera han convertido esas mismas en una forma de vida que por más que nos quieran decir, no representa en la actualidad una alternativa de vida como ellos hubieran querido. Me parece que solamente hemos visto a la generación beat por encima y a la fecha nos hemos convertido no en vagabundos, sino en unos miserables consumistas, y que deberíamos leer este libro –y otros más, por supuesto- para poder entender qué diablos es el Dharma y dejar de ser los mismos que Kerouac dejó al morir.
_____________
Guillermo Carrera García es Doctor en Ciencias del lenguaje por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (México). Se ha desempeñado como Secretario de Investigación y Estudios de Posgrado de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la BUAP y como Secretario Académico de la misma Unidad Académica. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII), Nivel 1, Miembro del Padrón de Investigadores de la BUAP y Miembro del Padrón de Investigadores del Proyecto Delfín. Ha publicado los libros Crítica portátil, la estructura ausente en Doctor Pasavento (una aproximación narratológica), Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades (2013), La vida de los otros (el funcionamiento de los relatos posmodernos), Epyca Editorial (2020), Comunicación para el cambio social, cultural y político, Ediciones La Biblioteca (2021) así como diversos artículos y capítulos de libro en publicaciones nacionales e internacionales.
