Presentamos el prólogo escrito por Alejandro Bruzual, para la novela Cubagua de Enrique Bernardo Núñez, traducido al inglés por Rowena Hill, para la edición de El Cardón, 2023. (1)

Debemos comenzar afirmando que Cubagua –concebida en 1925, escrita entre 1928 y 1930, y publicada en 1931– resulta la culminación de la escritura estética de Enrique Bernardo Núñez. Es una obra que ocupa un lugar especialísimo en la literatura venezolana y resultaba una avanzada en toda la narrativa latinoamericana.

Si bien tardó mucho en ser reconocida como tal, hoy es aceptada como la principal novela vanguardista del país, sin contar con antecedente alguno y, prácticamente, sin dejar herederos reconocibles.

Una obra que, hablando del pasado, lograba comprender a profundidad la complejidad de su presente, aun antes que ningún otro intelectual o escritor coetáneo, analizando de manera oblicua la sociedad y las consecuencias del proyecto económico de la dictadura de entonces. Como obra casi profética, precisaba ya algunos de los principales problemas que han entorpecido la realización del futuro posible cifrado en la nación suramericana en sus inmensas riquezas naturales.

A través de un complejo manejo de los recursos de la novela histórica y no pocos elementos vanguardistas, Núñez crea en Cubagua un paralelo –a la vez temático, formal y lingüístico– entre los extremos históricos de Venezuela: el de fundación de la nación a comienzos del siglo XVI y la etapa de constitución de la modernidad petrolera, bajo el empuje de empresas extranjeras, a mediados de la tercera década del siglo XX.

El espacio donde se desarrolla, la Nueva Cádiz de Cubagua, fue una de las primeras ciudades fundadas en el continente, formando parte del proceso inicial de penetración conquistadora en América, y allí se gestó el primer gran proyecto de explotación colonial, que en unas pocas décadas agotó por sobreexplotación el riquísimo recurso natural –las perlas–, que representaba el mayor ingreso de la corona española en esos días. Esto condujo al exterminio de la población indígena local obligada al trabajo esclavo y a sufrir la violencia conquistadora. Como si la naturaleza ratificara estos hechos, un terremoto y una suerte de tsunami destruyeron la ciudad, que había sido construida de piedras para que durara siglos. Desde entonces y hasta hoy, la isla se encuentra deshabitada.

Vestigios de la primera iglesia de Latinoamérica. Fotografía de: http://venezuelaysuhistoria.blogspot.com/2008/02/cubagua-el-estado-de-sus-ruinas.html

Una metáfora histórica, descifrando fuertes rasgos de continuidad desde la situación fundadora colonial, Núñez yuxtapone planos temporales a una trama que sucede en 1925: un capítulo que se desarrolla en los días de esplendor de la Nueva Cádiz, y otro dedicado a una deidad sincrética, Vocchi –hermano de Amalivaca, el dios creador de los pueblos caribes–, testigo presencial de los estragos de la conquista y la destrucción de Cubagua.

En medio de esto, se mueven personajes cuya inspiración proviene tanto de la realidad que el mismo Núñez había conocido en la vecina isla de Margarita, de donde sale y llega el protagonista contemporáneo de su relato, como de diversas fuentes, historiadores y cronistas de Indias tanto como viajeros coloniales. A partir de ellos, el autor relaciona los destinos de sus dos protagonistas con un lenguaje de potencialidades poéticas. El primero es el ingeniero de minas Ramón Leiziaga, graduado en Harvard y comisionado por el gobierno desde Caracas, pero quien desea obtener riqueza fácil a través de una posible concesión petrolera. El segundo, el conde italiano Luis de Lampugnano, quien se suma a los conquistadores con un aparato para la pesca de arrastre de las perlas, contando con la autorización directa del rey de España. Ambos muestran la pulsión al robo que transforma sus privilegios en degradación y sus ambiciones en decadencias semejantes. Pero en la novela, reflejando una dura visión crítica a la sociedad de su época, la inclinación corrupta es transversal y se expresa en todos los estamentos sociales, si bien con responsabilidades asimétricas

Hay que llamar la atención sobre la construcción ficcional de otros dos personajes centrales. El fraile franciscano Dionisio de la Soledad acompaña los siglos de la nueva nación multicultural, superando la contradicción de estar vivo a pesar de arrastrar consigo rastros de su muerte, como su propio cráneo momificado. Ostenta, al lado de los implementos cristianos, símbolos de chamán, en un cruce de la cultura occidental y la indígena americana, y resulta ser el conductor de la protagonista femenina, Nila Cálice. De ésta se ofrecen varias versiones que son coexistentes en la trama, según la perspectiva de los otros personajes y del mismo narrador. En una de ellas, es huérfana de un cacique amazónico, no obstante, su apellido provenga del bíblico de Pedro Cálice, quien está también documentado en las crónicas como un comerciante de indígenas esclavizados, y quien, personaje repetido en el tiempo con su mismo nombre, sufre de lepra en el presente de la historia. Nila representa la mujer moderna, que pone la realización colectiva por encima del amor individualizante. Se dice que ha estudiado en la Universidad de Princeton y es deseada por todos los hombres de la trama, de allí que quede asociada con elementos y nombres de las perlas.

Dos situaciones, en cierto sentido opuestos, sirven como síntesis argumental. La primera, al inicio y final de la trama, tiene lugar en Margarita, llamada así también en referencia a su riqueza perlífera, siendo la isla mayor de Venezuela, vecina de Cubagua, con la que forma el estado Nueva Esparta.

Allí se encuentran tanto el protagonista Leiziaga como la hegemonía de la isla, incluyendo un juez, un militar, un médico, propietarios y hasta un gerente extranjero de una compañía de explotación minera. Ellos discuten el futuro de esas islas, cuya riqueza adolece paradójicamente de agua, lo que metaforiza la condición de Venezuela y del continente suramericano: fertilidad y muerte. Todos coinciden en el deseo de enriquecerse cuanto antes, para poder abandonar el país para siempre. La otra situación y capítulo es el areyto, un ritual indígena de inscripción histórica que tiene lugar en las catatumbas de Cubagua, y en el cual participan Leiziaga, fray Dionisio y Nila, y es presidido por el dios Vocchi. Involucrando circunstancias y substancias que alteran la consciencia (el aire nocturno de la isla, venenos de origen animal, alucinógenos y bebidas alcohólicas), a partir de entonces se da la transformación del ingeniero caraqueño, que no logrará ya más discernir entre la realidad tangible, la historia que parece retornar y la ficción, la misma que se ha ido leyendo.

Indígenas sometidos a la recolección de perlas. Ilustraciones de: http://museonuevacadizne.blogspot.com/2015/04/testimonios-del-padre-de-las-casas.html

Cubagua está llena de silencios, con espacios intracapitulares, con palabras no dichas e insinuaciones, con el mismo énfasis sobre la ruina y la destrucción, marcados por su adjetivación simbolizante.

Su complejidad radica en la constitución estética de los protagonistas, rodeados de algunos personajes que muestran un tiempo que se repite sobre sí mismo, contrastando con el discurrir lineal de algunos otros. Hay extractos casi literales de las crónicas de la Conquista. Se representan hechos históricos (la destrucción de las misiones orientales de Bartolomé de Las Casas, la invasión indígena de Cubagua, la muerte del conquistador Diego de Ordaz), y reelaboraciones que aprovechan las dudas que muestran las diversas fuentes. Hay notas al pie de página del propio autor a lo largo de la novela, en tono casi ensayístico, y no es siempre evidente quién narra la historia. La introducción del capítulo dedicado a Vocchi lo hace derivar de un hecho que será relatado más tarde en la misma narración, y supuestamente es un escrito de Leiziaga.

Lo sucedido en el pasado de la Nueva Cádiz funciona como una suerte de flashback, y al final se dan muestras de ser relatado por fray Dionisio. La presencia en el último capítulo de un historiador académico, quien roba tanto las perlas-robadas como un texto que describe la experiencia del protagonista en Cubagua, parece repetir la trama dentro del mismo relato.

Pocas obras en el continente han aprovechado tal parquedad de estilo y una síntesis significativa equivalente, de allí que haya sido parangonada con la Comala de Pedro Páramo, de Juan Rulfo, donde los muertos también habitan el mundo. Inscrita en lo mejor de la novela histórica latinoamericana, que se desarrolla fundamentalmente con posterioridad, comparte la preocupación identitaria, las preguntas del qué somos y el cómo surgimos entre civilizaciones y culturas distintas, reunidas en el espacio de esas Antillas que parece resumir el mundo.

Al lado de otras dos novelas y unos pocos relatos, Cubagua centra el catálogo narrativo de Núñez, que se desenvolvería poco más tarde en los terrenos de la historia, si bien siempre con una actitud no sistemática, cuestionadora de las versiones establecidas como referenciales y con una escritura personal que no abandonó nunca su impronta estilística.

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(1) Cubagua ha sido muchas veces publicadas en Venezuela, ya que forma parte de su canon literario, y llegó también a editarse en Perú y en Cuba. Posteriormente, se tradujo al italiano y al árabe. El texto que aquí presentamos, en versión inglesa de la poeta Rowena Hill, proviene de la tercera edición, la cual representa el más complejo estadio de concepción de la novela, que fue reescrita por su autor durante más de treinta años, y la cual ha sido revisada para esta edición según los originales.

 


ALEJANDRO BRUZUAL. Doctor en Literaturas Latinoamericanas de la Universidad de Pittsburgh, Pensilvania, y Profesor Ejecutante de Guitarra Clásica. Ha desarrollado obra como poeta y crítico literario, musical y cultural, sobre temas latinoamericanos. Cuenta con más de veinte publicaciones, algunas traducidas a otros idiomas, así como otras veinte bajo su cuidado editorial. Ha recibido el Premio Municipal de Caracas, en siete oportunidades, en las menciones de musicología, poesía y ensayo literario, además de otros concursos nacionales, entre ellos, el de ensayo cinematográfico de la Cinemateca Nacional de Venezuela. Ha escrito diversas biografías sobre músicos nacionales, un trabajo sobre los concertistas visitantes de la guitarra en Venezuela, así como dos compendios, uno histórico sobre el instrumento de concierto en el país y un estudio sobre la guitarra popular venezolana. Se ha dedicado al estudio y edición crítica de la obra de Enrique Bernardo Núñez, como investigador de planta del Celarg, ha sido profesor de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela y presidente de la Sociedad Venezolana de Musicología.