Signos fugaces de la gran pantalla

Uno de los filmes más interesantes de la temporada es el nuevo largometraje del cineasta Kleber Mendonça Filho llamado «El Agente Secreto».

El director brasileño nos entrega con este nuevo relato un estupendo trabajo en donde el drama histórico más desgarrador se combina con ese realismo mágico latinoamericano siempre tan genial, hasta pasar por la intensidad del thriller político. Un retrato que además explora la intimidad de un personaje que es víctima de la persecución política.

Más allá de la genial ficción que se basa en hechos reales, la película es un ejercicio con toda la calidad del cine latinoamericano que intenta abordar las heridas del pasado para subrayar errores de antaño en tiempos oscuros como los que vivimos, en donde se tiende a olvidar la historia. Todo encabezado por un Wagner Moura soberbio que logra retratar a través de un personaje sereno pero hipnótico todos los horrores del totalitarismo local.

La cinta se ubica a finales de la década de los setenta, en aquellos días hostiles en los que imperaba la dictadura militar brasileña. Dentro de este contexto, un profesor que huye de un pasado turbulento regresa a la ciudad de Recife para iniciar una nueva vida y reencontrarse con su hijo. Sin embargo, pronto se dará cuenta de que es imposible escapar del pasado al percatarse de que la ciudad no es el refugio que busca, pues las fuerzas gubernamentales le persiguen y las amenazas de muerte se ciernen sobre él.

La película del también autor de aquella joya llamada «Bacurau» cuenta con una infinidad de suculentos detalles. Más allá de la imponente presencia del protagonista y del brillante reflejo de aquellos días brasileños de los setenta, existe una trama que aborda las heridas nacionales a través de elementos como la nostalgia, las películas de antaño, los lazos familiares, las salas de cine o los carnavales callejeros. No sólo existen espías, sicarios y servidores públicos corruptos, sino también gatos con dos caras, música disco y piernas amputadas que aparecen en las noches para cometer asesinatos. Un trabajo en el que pueden saborearse las texturas, pero al mismo tiempo se sufren todas las angustias.

Kleber Mendonça Filho articula un filme que además juega con las temporalidades para explorar la memoria. Un drama ficticio que reivindica tiempos oscuros de modos extraordinarios, un relato que pondera los recuerdos pero también el olvido histórico que tanto ha caracterizado a muchos individuos en estos días. Su atmósfera apesta a dictadura militar pero se maneja en esta historia con una maestría enorme para mostrarle al espectador a un personaje perseguido que intenta construir una vida nueva pero quien no logra dejar atrás esa amenaza de muerte que camina siempre cerca.

Más allá de premios o nominaciones, nos encontramos ante un largometraje que desafía todas las convencionalidades del cine contemporáneo para plasmar sin ningún tipo de oportunismo las percepciones y sensaciones de toda una época. Un proyecto cuyo visionado debe ser obligatorio para cualquier cinéfilo y cuya estética visual refleja la vida de esa sociedad de clase baja que representaba a la resistencia en aquellos días complejos. Sin duda alguna, esto es cine que se cuece a fuego lento y que retrata a través de la ficción un período histórico lleno de brutalidad.

(Imágenes: fotogramas del film)

 

 

   Diego Rodmor es literato, cinéfilo y geek empedernido. Estudió Lingüística y Literatura Hispánica y se ha desempeñado como editor, gestor cultural y curador de ferias del libro y festivales de cine. Hace crítica cinematográfica en diversos medios impresos, virtuales y visuales. También encabeza la casa productora Celuloide Films que apoya proyectos audiovisuales del género fantástico.